Identidad, alteridad, conflicto y consenso en la sociedad contemporánea. Alumnos de 3er. Semestre

La diversidad, entendida como la existencia de distintas formas de ser, es parte misma del desarrollo de la naturaleza y como tal ha sido característica del ser humano desde su origen mismo.

Si bien el día de hoy sólo existe una especie humana, el Homo sapiens, la historia de su evolución se desarrolló a partir de la existencia, interacción y convivencia –generalmente violenta- de diversas especies, una sola de las cuales logró subsistir.

Pero el hombre contemporáneo es también un ser diverso desde su condición misma de ser biológico. Somos diferentes en edad, sexo, razas, tamaños y muchas características físicas. Este tipo de diferencia es compartido con muchas otras especies de seres vivos.

Sin embargo, el desarrollo de la especie humana ha sido mucho más que su desarrollo biológico. Lo que define al hombre es su capacidad de transformar intencionalmente el mundo que lo rodea.

Cuando el hombre primitivo produjo su primera y más elemental herramienta de piedra se escindió para siempre del resto de los animales. El hombre hizo la herramienta, y en ese acto hizo al hombre. Quedó así sellada la inseparable relación entre el ser humano y sus formas de hacer las cosas –la cultura- y con ella la tecnología, y más adelante la ciencia.

El ser humano ha creado a lo largo de su desarrollo muy distintas formas de adaptarse a la naturaleza, de transformarla y, en ultima instancia, de apropiársela. También ha generado una multiplicidad de formas de relación y asociación con otros hombres. Así pues, la diversidad, entendida como distintas formas de hacer, ha sido también una característica humana a lo largo de toda su historia.

La diversidad como característica ha sido un instrumento de gran importancia en la sobrevivencia y desarrollo de la especie, ya que le ha permitido adaptarse y vivir en las más diversas condiciones naturales y sociales. Formas específicas de vincularse con la naturaleza bajo ciertas condiciones pueden ser inadecuadas y hasta fatales en otras condiciones. Paralelamente la diversidad en la forma de relacionarse entre sí ha permitido a los humanos superar las contradicciones de las relaciones sociales y construir otras nuevas, en el complejo, largo e irregular proceso de su historia.

La diversidad no es sólo una característica intrínseca del hombre, sino una de sus principales necesidades vitales y sociales.

Sin embargo, la existencia de la diversidad enfrenta también a los individuos y a los grupos humanos a aquello que es diferente de sí mismo. En esa condición, el ser humano se contrasta con otros, se percibe distinto de unos, pero también igual a otros, bajo múltiples puntos de vista. De este modo, la diversidad genera dos resultados opuestos; la alteridad y la identidad.

La alteridad y la identidad son reconocidas por el ser humano en muy distintos aspectos. Veamos algunos ejemplos.

En lo individual, una niña encuentra al otro, encuentra lo distinto –es decir, encuentra la condición de ser otro –en, digamos, su hermano. La diferencia de sexo no sólo es evidente, sino que se vincula a distintas formas de actuar y de relacionarse. Ella es distinta a su hermano. También encuentra la alteridad en la diferencia de edades. Es distinta a sus primos adolecentes. Pero al encontrarse distinta a sus primos se encuentra también igual a su hermano. Los dos son niños frente a quienes ya no lo son. Pero nuestra pequeña amiga también se reconoce distinta a sus padres, y en esta nueva dimensión se identifica también con sus primos, hijos ellos también. Sin embargo, sabe que ella, su hermano y sus padres son una familia, y en ese espacio se identifica con todos ellos y se reconoce distinta de la familia de sus primos.

Cualquiera de estas condiciones de identidad y alteridad puede tener mayor o menor importancia que las otras dependiendo de las circunstancias. Si a la hora de la comida las preferencias de los niños son claramente distintas de las de los adultos y prevalecen sobre las diferencias de parentesco, a la hora de salir de vacaciones cada quien lo hace con su familia y el parentesco prevalece como elemento de diferenciación.

Así pues, las condiciones de identidad y alteridad se combinan y se entrecruzan de distintas maneras, esto dependiendo de diversas circunstancias; la importancia de estas condiciones puede cambiar en distinto grado. Podemos afirmar que la condición de identidad o alteridad, en consecuencia, se manifiesta en muchas dimensiones. Es multidimensional.

Ahora bien, la alteridad no se encuentra sólo en el nivel individual sino, con especial importancia, en los niveles social y cultural, siendo parte fundamental de las relaciones sociales y culturales.

Tal como la niña encuentra condiciones de identidad y alteridad en distintas dimensiones en su vida, el ser humano se identifica y contrasta con otros desde sus condiciones colectivas. Características como la nacionalidad, la raza o la religión son espacios notables de este proceso. Aún más, condiciones de diferenciación individual y natural puede también ser condiciones de gran diferenciación social. Pensemos en los papeles socialmente asignados a hombres y mujeres, por considerar sólo un ejemplo, y que van mucho más allá de sus diferencias naturales.

Los distintos grupos sociales, en la medida en que se relacionan de manera diversa con la naturaleza, con otros grupos y con su interior, generan también intereses distintos y ven el mundo de maneras desiguales, generando concepciones diversas en torno al ser humano, la propia naturaleza y, en última instancia, el universo en general. Por tanto, y en la medida en que quienes son socialmente distintos comparten espacios físicos e interactúan con base de distintos intereses, se relacionan entre sí, con algún grado de conflicto. La diferencia de intereses lleva de la mano a la disputa por la satisfacción de éstos.

Esta conflictividad se ha expresado de muy distintas maneras a lo largo de la historia de la humanidad. Si bien es un tema que aún se discute entre los especialistas, existe la hipótesis de que la extinción de la última especie humana distinta del Homo sapiens, el hombre de Neandertal, fue resultado de su aniquilación a manos del hombre de Cro-Magnón, antepasado directo del actual ser humano.

Lo que sí se sabe con certeza es que desde sus primeros momentos en sociedad, las relaciones basadas en las diferencias naturales, a partir de las cuales se desarrollaban distintas tareas como cazar y cuidar a los niños, comenzaron a ser sustituidas por relaciones basadas en la diferenciación social, es decir, en la formación de distintos estratos sociales a los cuales correspondían distintas obligaciones, como trabajar la tierra, hacerse cargo de los cultos religiosos o ejercer funciones de gobierno. Este tipo de relación trajo consigo la condición de subordinación de los intereses de algunas partes de la sociedad en relación con otras.

Junto con las contradicciones de intereses en las sociedades se desarrollaron conflictos entre distintos pueblos. Estos conflictos se expresaron de formas distintas, pero alcanzaron su mayor crudeza en las guerras de conquista. En éstas, una sociedad imponía a las otras sus intereses, y con ella sus formas de ver el mundo a partir de su dominación violenta.

Las guerras de conquista siempre estuvieron acompañadas de justificaciones simbólicas, de acuerdo con las cuales la violencia contra los otros era necesaria por diversas razones. Así, por ejemplo, el interés de expansión económica de Europa llevó al descubrimiento y posterior conquista de América. En ésta la violencia justificaba como el único instrumento capaz de doblegar a unos seres cuya condición misma de humanos se ponía en duda y, en todo caso, como un mal menor en relación con los beneficios que la conquista traería a los propios americanos: la civilización y la cristianización.

Algo similar ocurrió con el tráfico de esclavos negros. La necesidad de mano de obra barata, especialmente en los nuevos territorios conquistados de América –donde la población india había sido diezmada, cuando no exterminada –encontró justificación a la esclavitud tanto en la pretendida inferioridad racial de los negros, como en la superioridad de la civilización occidental frente al salvajismo africano.

La violencia entre pueblos no es sólo un asunto del pasado. La utilización de concepciones generales supuestamente virtuosas como justificación para matar a otros humanos en la guerra sigue teniendo lugar el día de hoy. Fue de esta forma, como en el 2002 Estados Unidos lanzó una violentísima guerra sobre Irak bajo el argumento de eliminar las armas de destrucción masiva que el Gobierno de ese país estaba produciendo. Con el paso de los años no sólo quedó claro que esas armas nunca habían existido, sino también que el Gobierno estadounidense nunca tuvo información confiable que así lo indicara. Sin embargo, el efecto económico de la guerra fue el mismo: las enormes reservas petroleras iraquíes quedaron bajo el control de Estados Unidos.

Las causas del conflicto social deben buscarse pues en los intereses contrarios de quienes entran en conflicto, y no en factores sicológicos, hechos aislados o diferencias puramente ideológicos.

Consecuentemente la prevención y limitación de la violencia, tanto en una sociedad como entre ellas, debe construirse en formas de convivencia capaces de hacer que los intereses contrarios encuentren satisfacción común o que, cuando esto no sea posible, se afecte en la menor medida posible a cualquiera de las partes. Esta generación de consenso, simple de expresar, enfrenta en la práctica condiciones difíciles y complejas para su realización.

Como punto de partida, es necesario considerar que en cualquier sociedad existen o se enfrentan intereses que resultan básicamente intolerables para ella.

Por ejemplo, en la sociedad mexicana contemporánea, el interés de algunos hombres de mantener relaciones de pareja en las que ejerzan una autoridad total basada en la violencia contra las mujeres es considerado inaceptable por la gran mayoría de las personas.

De esta forma, el proceso de generación de consensos encuentra en su base la imposibilidad de hacer que absolutamente todos los intereses puedan participar de los acuerdos sociales. Cualquier forma de legalidad y orden social excluye de sus consensos ciertos intereses.

Pero existe un sinnúmero de intereses que, pudiendo ser socialmente aceptables, entran en conflicto unos con otros. Por ejemplo, todos los partidos políticos tienen el legítimo interés de gobernar, sin embargo, es materialmente imposible que todos gobiernen.

El punto de partida para el establecimiento de consenso  es el reconocimiento de intereses básicos de todas las personas que deben prevalecer sobre intereses más particulares.

Así, el derecho a la vida, la libertad o la integridad del cuerpo tienen que reconocerse por encima de los también legítimos intereses de propiedad o de poder.

Partiendo de esta base, el consenso social tiene que establecerse a partir de condiciones en que el conflicto se resuelva, primero, de acuerdo con reglas que garanticen los derechos fundamentales de individuos y grupos sociales; segundo, sirviendo a los intereses de la mayoría; tercero, evitando la exclusión de las minorías; y cuarto, de forma que existan mecanismos para generar consensos nuevos.

Hay que tener en cuenta que si bien el conflicto de intereses es parte inseparable de la vida social, también lo es que sólo algunos de éstos son totalmente contradictorios, de forma tal que siempre resultará importante tratar de encontrar formas y medidas para hacer que intereses contrarios resulten al menos parcialmente compatibles.

Es pues imposible que la sociedad acabe con el conflicto pero, precisamente por eso, ésta debe encontrar la mejor manera de administrarlo a fin de evitar su solución violenta.

En esta tarea colectiva resulta de suma importancia la capacidad de los distintos integrantes de la sociedad para reconocer aquellos elementos de razón de quienes tienen intereses distintos a los propios, aunque éstos también sean justos.

Por otra parte hay que tener en cuenta que, con el cambio social, varían también las necesidades individuales y colectivas y con ellas los intereses y el peso de éstos dentro del conjunto.

Ésta es una esfera en la que los cambios tecnológicos han influido siempre.

Por ejemplo, las transformaciones en las formas de producir que tuvieron lugar durante la Revolución Industrial modificaron hondamente las formas de trabajar y de relacionarse entre trabajadores y propietarios de fábricas, al favorecer durísimas maneras de explotación humana antes inexistentes. Como consecuencia se generaron nuevas necesidades e intereses de los trabajadores que, con el tiempo, lograron el establecimiento de medidas legales que, entre muchas otras cosas, establecieron jornadas máximas de labor y limitaron el trabajo de ciertos grupos de población, como los niños.

En la actualidad, los cambios en las tecnologías de comunicación han permitido el establecimiento de nuevas relaciones humanas individuales y colectivas. Éstas, que se han hecho más evidentes a partir de la expansión de la Internet, han tenido un proceso de desarrollo de décadas, de forma tal, que, al día de hoy, las dimensiones de la identidad y la alteridad en el mundo y en nuestro país son distintas de lo que eran hace medio siglo.

Uno de los elementos más significativos de estos nuevos cambios en las relaciones es el desarrollo de identidades y alteridades más allá del territorio donde la gente vive. Cada vez más hombres y mujeres se identifican en sus formas de ser y hacer, y en consecuencia en sus intereses, con personas que viven en otros lugares, compartiendo problemas comunes aunque no compartan el espacio físico.

Intereses artísticos, políticos, económicos o personales son comunes hoy a personas que pueden entrar en contacto regular de maneras antes impensables, como resultado del desarrollo de transportes y comunicaciones.

Estas nuevas identidades, que ocupan el territorio de manera transversal y no local, son características de la nueva sociedad mexicana.

Estas nuevas identidades, a las que nos podemos referir como transversales por su relación con el territorio, se han incorporado ya al conjunto de la sociedad.

Estas nuevas identidades son ya un factor para la generación de nuevos consensos y nuevas reglas de consenso.

Cuestionario de la lectura: “Identidad, alteridad, conflicto y consenso en la sociedad contemporánea”

¿Explique lo que entiende por diversidad?

¿De qué manera se reconoce  la alteridad y la identidad en el ser humano?

Explique  lo que entiende por  consenso.

 ¿Cuál consideras que  puede ser una consecuencia para que se origine una guerra?

¿Ejemplifique de qué manera se puede prevenir un conflicto social?

¿Consideras que la Violencia es una forma de resolver conflictos?


9 comentarios to “Identidad, alteridad, conflicto y consenso en la sociedad contemporánea. Alumnos de 3er. Semestre”

  1. me parece una muy buena lectura pues nos ayuda reflexionar sobre como a ido evolucionando la vida del hombre con el paso del tiempo y a si mismo como a hemos ido acavando con la naturaleza.

  2. L alectura habla de las diferencias de los humanos que emos ido cambiando des de los tiempos del hombre primitivo las diferencias que hay de una persona a totra pero auque sea familia las diferencias exiten

  3. El tema habla de lo diferente que somos los hombre de las mujeres que desde los tiempos antiguos esas diferencias existen que en la familia exixten tambien esas diferencias

  4. esto nos abla no solo de la evolucion del hombre como fisico sino de la evolucion del hombre en su personalidad y pensamientos en los ingenios que crea la mente para aserse asi mismo la vida mas fasil.

  5. preguntas:

    1- que ay muchas cosas para elegir

    2- que el ser humano siempre a evolucionado y comvivido con personas pero tiene cada uno pensamientos y sentimientos propios

    3-consenso para mi es el ponesre de acuerdo con una persona o con barias.

    4- la falta de agua biendo a futuro

    5- ablando en caso politico con un debate

    6- no eso solo los empeora

  6. el consenso son acuerdos entre dos personas y se tiene que respetar mutuamente tanto que la alteridad son las condiciones del otro, donde se tiene que conocer el signicado del YO para despues conocer lo del OTRO.
    el conflicto no es un problema actual si no que ya tiene sus inicios desde que el hombre cambio a ser nómadas para convertirse en hombre sapiens o sedentario.
    una de las causas de los conflictos que provocan es cuando suceden las necesidades de las personas de un grupo y que los otros no son necesarios para ellos.

  7. me parece muy interesante;creo que la usaremos en nuestra vida cotidiana

  8. muy muy interesante… ;)

  9. interesantisimo.. :)

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